Valores por México

sábado, 31 de octubre de 2026

 

Las Matemáticas del infierno

 

El averno ríe de contento,

fiesta hay con las matemáticas;

hay quienes mueren en el intento

por unas sumas problemáticas.

 

¿Cuánto es la mitad de uno?, preguntó la calaca.

Un vivo incauto contestó,

parsimonioso y sin alharaca:

¡Pues el «tuuch»!, sin pena exclamó.

 

¡Malditas matemáticas,

engendro de Satanás!

Enredadas, pero muy simpáticas,

encontrártelas no querrás.

 

Ya viene la Muerte como tormenta

a llevarse a los más avezados,

entre ellos a la presidenta:

contó mal los sanatorios colapsados.

 

El averno está lleno

de integrales y derivadas,

y hoy tu sueño será eterno

si tus convicciones permanecen enterradas.

 

No me provoques, Catrina fina,

ni a la 4T me quieras endilgar;

pues con Morena ni a la esquina,

¡no me vayas a mandar!

 

Finalmente, Belcebú se presentó

y entre carcajadas sentenció:

¡La 4T presume su número cuatro,

pero en aritmética reprobó!

 

¡Viva la vida!

 

El octosílabo de la Muerte

 

Hoy la Muerte está de luto,

ya el INE valió queso;

infame fue el tributo,

Taddei se ocupó de eso.

 

Su pareja, Lucifer,

dio brincos en el infierno;

no lo podía creer,

¡todo le valió un cuerno!

 

Vuela alto, mi Catrina,

no detengas tu misión;

Morena se cree fina,

¡llévatela al panteón!

 

Que no te cueste, huesuda,

llevarte a tanto alacrán;

y si necesitas ayuda,

¡yo me visto de chamán!


Cuentan las sinalefas y los hiatos

jueves, 1 de octubre de 2026

 

Dientes de leche

La comandantA presidentA de México, Claudia Sheinbaum, quien además es hija, esposa, madre y abuela, ha expresado públicamente su pesar por la tragedia que se vive en Gaza y ha calificado de “inhumana” la ofensiva de Israel. Y qué bueno que así sea. El sufrimiento de niños, mujeres y familias inocentes, ocurra donde ocurra, debería conmovernos a todos.

Pero resulta, por lo menos, difícil de entender que esa misma sensibilidad no se advierta con igual claridad frente a aquellos a quienes su antecesor alguna vez llamó “pueblo bueno y sabio”. El dolor de muchos está aquí, entre nosotros.

La presidentA ha querido mostrar temple de un jefe de Estado, aunque sea en los eventos protocolarios. Ya en la mañanera, el chacoteo y la falta de seriedad de algunos argumentos terminan por convertir momentos importantes en una comedia de muy mala leche. Pero el temple no debería estar reñido con la sensibilidad, menos aún en quien encabeza un Estado obligado a responder ante el dolor de sus ciudadanos. Esa sensibilidad es precisamente la que se les ha regateado a madres y padres dolientes.

Hoy, sin duda, mujeres, jóvenes y niños se encuentran entre los sectores más vulnerados en este México convulso. El régimen actual ha intentado, con la rancia demagogia de la transformación, maquillar una realidad incómoda que a diario nos presentan a su antojo.

Alguna vez los escuchamos decir que limpiarían al gobierno de impunidad y corrupción, “como se barren las escaleras, de arriba para abajo”. Pero parece que solo les interesa barrer con lo que les estorba y su escoba ha terminado sirviendo para esconder debajo del tapete realidades mucho más difíciles de ocultar: la violencia, la impunidad y miles de familias que siguen buscando a los suyos.

Los datos son necios.

El gobierno ha repetido con bombo y platillo sus datos estrella: los homicidios dolosos han disminuido. Y sí, los números oficiales muestran una reducción considerable. Según los últimos datos presentados por el propio Gobierno federal en la mañanera, el promedio pasó de 86.9 homicidios diarios en septiembre de 2024 a 40.8 en agosto de este año, una disminución del 53 por ciento que han repetido hasta el cansancio.

Esos mexicanos que hoy están vivos y que quizá pudieron formar parte de las anteriores estadísticas deben estar agradecidos por no ser una cifra más.

Sin embargo, esas cifras no alcanzan a reflejar por sí solas las condiciones reales del país, por mucho que hayan mejorado, y menos cuando acontecimientos dramáticos y trágicos siguen pasando desapercibidos.

De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) de la Comisión Nacional de Búsqueda, más de 132 mil personas permanecen desaparecidas o no localizadas. No sabemos qué ocurrió con ellas ni, en muchos casos, cuál es su paradero. Son hombres, mujeres, jóvenes y niños que ya no regresaron con los suyos y cuya ausencia también forma parte de la realidad del país.

Hoy nos conmueve lo que sucede en Gaza y debe dolernos, pero también deben conmovernos Zacapu, Ayotzinapa, Morelos y cada madre que busca a un hijo. Nuestra conciencia no debería ser ajena al dolor de nuestros semejantes; sin embargo, cuando las necesidades de nuestro prójimo quedan relegadas frente a una retórica conveniente, los discursos y las acciones terminan convertidos en demagogia.

¿Acaso el dolor humano merece distinta sensibilidad dependiendo del lugar donde ocurra?

Hoy, a 12 años de la trágica desaparición de 43 jóvenes estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, el Estado simplemente no ha podido esclarecer plenamente lo ocurrido para darle paz a los padres. Tristemente, algunos de esos papás y mamás se nos han adelantado sin haber podido saber qué ocurrió con sus hijos, trágico ¿no? El mismo peregrinar han seguido las madres buscadoras que en cada rincón de México buscan incansablemente el más pequeño rastro que pueda conducirlas a sus hijos y que el Estado no ha podido encontrar.

Y quizá haya algo todavía más doloroso: buena parte de esta tragedia tiene que ver con jóvenes. Hijos que no regresan, estudiantes que no vuelven a casa, chicos que apenas comenzaban a vivir.

¿Saben? Claudia Tacoronte Aguilera tenía 21 años, era española y estudiante de la Universidad de Granada, España, y fue asesinada el pasado 12 de septiembre en Cuautla, Morelos. Pero lo dramático es que su caso no era aislado entre la comunidad estudiantil de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). Dentro de esa comunidad universitaria, cinco alumnas habían sido víctimas de feminicidio en un periodo de 17 meses, de acuerdo con el dato presentado en la síntesis informativa de la UAEM. Hoy se suman los casos de Christian y Gael, quienes tenían apenas 17 años y fueron asesinados a balazos después de acudir a una fiesta. La comunidad universitaria de la UAEM está de luto.

De acuerdo con datos del RNPDNO, entre octubre de 2024 y julio de 2026 se acumularon 7,948 reportes de mujeres de entre 15 y 19 años desaparecidas o no localizadas, el grupo de edad y sexo con mayor número de registros en ese periodo.

Hace unos días apareció una escena todavía más estremecedora con el anuncio de un colectivo de madres buscadoras que denunció haber encontrado, en una zona de Zacapu, Michoacán, alrededor de 1,600 piezas dentales que atribuye a niños, algunas de ellas “dientes de leche”. La Fiscalía de Michoacán ha señalado que no tiene registro oficial del hallazgo en los términos denunciados. Ojalá que el señalamiento no corresponda a la realidad; pero precisamente por su gravedad, debe esclarecerse. No hacerlo alimentaría todavía más la indiferencia y la impunidad.

Recientemente escuché a Héctor de Mauleón lanzar una frase brutal, tan dura como difícil de ignorar: “Vivimos rodeados de cuerpos de jóvenes tirados y a nadie le importa”.

¿Acaso nos hemos acostumbrado ya a estos acontecimientos o es que no nos importa lo que suceda con nuestro prójimo? El problema de acostumbrarnos a 40 homicidios diarios, 132 mil desaparecidos o 7,948 muchachas reportadas como desaparecidas o no localizadas es que terminamos viendo cifras donde existen personas. Claudia Tacoronte deja de ser una joven de 21 años; Christian y Gael dejan de ser dos muchachos de 17 años; los dientes de leche terminan siendo 1,600 piezas.

Volteemos a ver a quienes sufren, aun cuando esas tragedias puedan parecernos lejanas. Hoy los yucatecos tenemos la fortuna de vivir en una comunidad donde todavía podemos caminar con relativa tranquilidad, pero eso no debería hacernos indiferentes a lo que ocurre en otras partes del país; quizá debería comprometernos todavía más a cuidar lo que tenemos y a no permanecer ajenos al dolor de los demás. Cuidemos nuestra comunidad, fortalezcamos la solidaridad entre ciudadanos y no esperemos a que la violencia toque a nuestra puerta para preocuparnos por ella.

Así que preguntémonos qué podemos hacer, cómo podemos hacerlo sin caer en la desesperanza de pensar que lo que hagamos será irrelevante. Todo esfuerzo por una causa noble termina dando frutos, pero qué mejor que hacerlo organizados; así se multiplica el esfuerzo y se evita la resignación. Por lo pronto, miremos a nuestro alrededor. Seguramente encontraremos a alguien que necesita de nosotros. Empecemos por ahí.

 

De remate:

La sensibilidad manifiesta ante acontecimientos lamentables fuera de México contrasta con la distancia que existe entre el discurso y la respuesta al dolor de quienes sufren dentro. En la mañanera el speech es conocido: parece diseñado para contrariar, confrontar y trivializar lo verdaderamente trascendente. “¿Cuánto gana Loret?”, “yo tengo otros datos”, “fue Calderón”, “¿por qué no hablan de García Luna?” Siempre habrá una tangente para evadir lo incómodo. Para quienes hoy buscan a los suyos, la esperanza no puede depender de una respuesta ensayada desde el poder. Nosotros, como sociedad, acompañémoslos para que no la pierdan.

lunes, 21 de septiembre de 2026

 

El sentido del poder

Regidor, alcalde, diputado, senador, gobernador… cualquiera que sea el cargo, hay una condición que debería anteceder al nombramiento: entenderse como servidor público. Quien no comprende lo que significa servir desde una responsabilidad pública tiene un problema que, tarde o temprano, termina repercutiendo en el ciudadano.

Una vocación tan excelsa como el servicio a los demás requiere congruencia con los principios que enarbola cualquier servidor público, independientemente de la ideología que profese. Serán los ciudadanos, en una sociedad democrática, quienes valoren si sus actos corresponden a esos principios y si verdaderamente cumplen con el propósito para el que fueron elegidos o designados.

En mi experiencia como servidor público siempre tuve presente un principio fundamental: el bien común. Entender que detrás de cada decisión, trámite o problema hay personas que esperan de la autoridad una respuesta y, en la medida de lo posible, una solución.

Es, sin duda, el ciudadano el actor principal de toda administración pública, desde su concepción hasta que cumple su misión en esta vida. El servidor público, cualquiera que sea su ideología, no debería perderlo nunca de vista.

Quizás hemos sobrevalorado de tal manera algunos cargos públicos que quienes los ocupan llegan a parecer de otra estirpe. Y no. La responsabilidad pública puede exigir cierta investidura, formas y protocolos, incluso por respeto a la propia ciudadanía y a las instituciones que se representan; pero nunca debería construir una distancia que vuelva al funcionario inalcanzable para el ciudadano.

La investidura distingue al cargo, no hace superior a la persona que lo ocupa. El servidor público debe estar siempre a la altura de cualquier ciudadano y recordar que su función encuentra sentido precisamente mientras le sirve.

Esta idea me hace recordar aquella frase de Manuel J. Clouthier del Rincón, Maquío: “Tanta sociedad como sea posible y solamente tanto gobierno como sea necesario.”

Hay gobiernos cargados de burocracia y muchos la hemos padecido. Pero un gobierno que realmente entiende que está para servir no solamente debe resolver; también debe procurar no apropiarse innecesariamente del tiempo de las personas mediante trámites, esperas y papeleos inútiles.

A propósito, le he escuchado a la alcaldesa Cecilia Patrón insistir, no solamente en el discurso sino también a través de distintas acciones de su administración, en una idea muy sencilla: un buen gobierno debe procurar no hacerle perder el tiempo al ciudadano. Algunas de las acciones emprendidas dan cuenta de ello.

Por ejemplo, el Miércoles Ciudadano no es una improvisación ni una ocurrencia reciente, pues tiene antecedentes en aquella escuela de gobiernos panistas de Guanajuato de los años noventa y en el concepto desarrollado por Ramón Muñoz Gutiérrez. Cecilia no inventó el modelo; lo ha retomado y le ha dado continuidad desde su propia manera de ejercer la cercanía con la gente y, a mi juicio, con gran éxito.

También ha resultado eficaz el speech de “enchular la ciudad”. Detrás de una expresión sencilla y coloquial hay acciones en calles, parques, iluminación y espacios públicos que han contribuido a hacer de Mérida una ciudad más digna de sus ciudadanos.

En ese mismo sentido destacaría “Diseña tu Ciudad”, un ejercicio de presupuesto participativo que ha venido creciendo y en cuya edición más reciente 16,618 meridanos decidieron sobre proyectos para sus propios espacios públicos. Al respecto, incluso presenté una propuesta que no resultó seleccionada; circunstancia que no impide reconocer el valor de un programa que permite al ciudadano dejar de ser solamente espectador y tener voz en las decisiones sobre su ciudad.

Falta mucho, por supuesto. Las necesidades de una ciudad nunca se agotan y habrá que perseverar, pero también reconocer el esfuerzo y los resultados.

Como meridano hago estas consideraciones porque me parece un ejemplo muy cercano de lo que implica servir con voluntad. El reto, desde luego, es que esa vocación de cercanía y servicio no dependa solamente de quien encabeza el Ayuntamiento, sino que alcance a cada funcionario y cada escritorio de la administración municipal. Una cabeza puede marcar el rumbo y el ritmo, pero los resultados también dependen de quienes tienen la responsabilidad de acompañarlos.

Sería injusto no reconocer también el trabajo de muchos alcaldes y alcaldesas, de distintos partidos, que todos los días demuestran tener bien puesta la camiseta de sus municipios. Esos son los servidores públicos que demandamos los ciudadanos: los que entienden que el cargo es temporal y que su responsabilidad fundamental es servir.

Pero el ciudadano también tiene una responsabilidad. Una ciudad no se construye solamente desde el gobierno. Participar, cuidar, proponer, colaborar y también exigir forman parte de nuestra tarea. Podemos ser copartícipes en la construcción del bien común y, al mismo tiempo, exigir de quienes ejercen una responsabilidad pública una verdadera vocación de servicio.

Al final, gobernar y participar tienen un punto de encuentro: entender que la ciudad es de todos y que el bien común también es responsabilidad de todos.


De remate:

Las recientes fiestas patrias también nos dejaron algunas estampas dignas de reflexión. Entre ceremonias acartonadas, excesos ideológicos y ocurrencias convertidas en espectáculo, hubo servidores públicos que parecieron olvidar que la investidura no necesita disfraces ni protagonismos para hacerse respetar.

Representar dignamente una institución es muy distinto a utilizarla como escenario personal. Y recordé una frase que escuché hace poco en El Gato Culto, el ingenioso espacio del caricaturista Efrén:

“El poder es para servir, no para ser vil.”

martes, 15 de septiembre de 2026

 

Escribir para Servir

 

Después de un tiempo de desierto en la inspiración para plasmar ideas, y con cierta nostalgia lo digo, hoy quiero retomar esta maravillosa forma de servir a través de la escritura.

De esta forma comunicaremos ideas que no sean solamente líneas perdidas en el papel, sino que lleven la intención de aportar. Aprovecharé la ocasión para ser crítico y continuaré aprendiendo a utilizar la enorme riqueza de nuestra lengua: el español. El sarcasmo y la metáfora no les sorprenderán; tampoco, cuando vengan al caso, el retruécano, la anáfora o la hipérbole. Procuraré la solidaridad, la generosidad y el buen léxico, pero también seré enérgico, sin miramientos, siempre que se requiera. No pretendo ser poeta ni utilizar figuras literarias sin sentido. Mi intención es compartir ideas que inviten a la reflexión y persuadan a la acción.

Esta disciplina que he cultivado forja el carácter, cultiva la mente, ejercita el buen uso del lenguaje y propone ideas para la reflexión personal y la de los amables lectores. También nos motiva a ser parte de las experiencias cotidianas y no simples espectadores de ellas.

Por supuesto que la escritura no es, en mi caso, un acto de inspiración divina. Dejemos eso, por ejemplo, a Santa Teresa de Ávila, cuya escritura estuvo profundamente ligada a su experiencia mística. La mía, mucho más terrenal, se nutre de la lectura, la observación, la conversación y las experiencias vividas, incluidas aquellas que nos proporcionan las personas con quienes convivimos.

Procuraré plantear realidades actuales que, sin duda, podrán estar sustentadas en datos históricos o recientes, pero que deberán sumar a la comprensión de la experiencia que estamos viviendo. No pretendo escribir para poner un “granito de arena”, expresión que siempre me ha parecido insuficiente, sino para ser sal: aportar sabor, sentido y, cuando haga falta, provocar cierta sed de reflexión.

Y qué mejor oportunidad para comenzar.

Estamos a unos días de iniciado el proceso electoral rumbo a la jornada del próximo año. Inmerso ya en este ejercicio de escribir, considero que debemos convertirnos en observadores acuciosos de su desarrollo e instruirnos para no sucumbir y permitir que la ignorancia se convierta en una herramienta de manipulación.

La Democracia necesita ciudadanos que voten, pero antes necesita ciudadanos que sepan qué están votando, cómo funciona el proceso y qué está en juego.

El Proceso Electoral Federal 2026-2027 inició formalmente el 10 de septiembre de 2026. A la renovación de las 500 diputaciones federales se sumarán los procesos electorales locales: se renovarán 17 gubernaturas, 1,098 diputaciones locales y miles de cargos en los ayuntamientos del país.

En Yucatán no se elegirá gobernador en 2027, pero sí 35 diputaciones locales, 21 de mayoría relativa y 14 de representación proporcional, además de las autoridades de los 106 municipios del estado.

El INE distingue cuatro grandes etapas: preparación de la elección, jornada electoral, resultados de la elección y declaración de validez.

La jornada electoral será el 6 de junio de 2027, pero el proceso no termina ese día. Después del voto vienen los cómputos y las declaraciones correspondientes y, cuando existen impugnaciones, las resoluciones definitivas del Tribunal Electoral. Vale la pena tenerlo presente: La Democracia no comienza ni termina el día en que depositamos nuestro voto.

Estaré atento a sus comentarios y críticas; coincidentes o no, serán parte de esta conversación y, sin duda, alimento para lo que venga después.

Esta última idea quizá explique mejor que ninguna otra el propósito de esta nueva etapa: que escribir, además de servir, permita perpetuar nuestras ideas, aquellas que de otro modo podrían quedar en el silencio.


De remate:

Hoy, el INE, aquel que durante años fue considerado garante de nuestra incipiente Democracia, enfrenta decisiones y cuestionamientos que obligan al ciudadano a permanecer atento. Por sus frutos los conoceremos, sin duda; pero no esperemos a cosechar frutos podridos para comenzar a preocuparnos.

Hoy más que nunca nuestra participación como ciudadanos exige voces críticas, informadas y dispuestas a hacerse escuchar. No solamente por quienes hemos recorrido ya una buena parte del camino, sino, sobre todo, por los que vienen detrás.


lunes, 3 de noviembre de 2025

 

¿Herencia maldita, de quién?

Ante el grave momento de inseguridad que vive México, hoy la “herencia maldita”, sin duda, es el legado de López Obrador y sus compinches en el poder. Su narrativa de “abrazos, no balazos” hacia los delincuentes se ha convertido en una verdadera afrenta al Estado mexicano y en una burla para los ciudadanos, aunque muchos aún no se den cuenta. Ojalá no sea demasiado tarde cuando lo hagan.

Hoy, sin duda, México está de luto. Lamentamos la muerte del alcalde de Uruapan, Michoacán, Carlos Manzo Rodríguez, en un acto que pudo evitarse y que se convierte en un atentado con rasgos de crimen de Estado. Fue un hombre valiente, congruente, que una y otra vez levantó la voz para denunciar al crimen organizado en su comunidad. Ante tan trágico evento, se hace evidente que el Estado mexicano permanece pasivo frente a la delincuencia.

Ni las solicitudes de apoyo al gobernador de ese estado, Ramírez Bedolla; al secretario de Seguridad, García Harfuch; ni a la propia presidente Sheinbaum Pardo fueron atendidas, sino desdeñadas. Y debieron preverlo, porque ante las constantes denuncias del malogrado edil era de esperarse que se convirtiera en un blanco del crimen organizado. Bajo esas circunstancias, debieron, incluso sin que el alcalde lo solicitara, rodearlo de toda la seguridad que gozan los servidores públicos antes mencionados.

¿Valientes, no? Pero esa es la herencia maldita de la política idiotizante, que no ideológica, de “abrazos, no balazos”. Hoy, el lema suena más a resignación que a estrategia: los delincuentes abrazan la impunidad mientras el país sigue contando víctimas.

Consecuencia de las ocurrencias de un personaje que se dice guía moral, pero dejó al país a oscuras. Con el poder en sus manos, esa camarilla podrá decir misa; lo cierto es que un alcalde que denunció al crimen organizado en su municipio está muerto. ¿Y? ¿Esperaremos a que siga la impunidad y ocurran más desgracias injustificables?

Un Estado que no puede garantizar la seguridad de sus ciudadanos no puede seguir siendo administrado por un gobierno incompetente que, además, facilita la galopante corrupción, ya no la de los “neoliberales” que tanto odian, sino la de sus propios camaradas. El caso del alcalde Carlos Manzo servirá, sin duda, para continuar la lucha contra las prebendas de los gobiernos de la “transformación”, que han sido sobremanera evidentes, pero también contra los crímenes de la delincuencia.

Así que no jueguen con lumbre: ya demasiados desmanes han permitido. Preocúpense mejor por recuperar el control del Estado, porque les costará revertir seis años de un retroceso brutal en materia de seguridad, y ni hablar de las demás injusticias derivadas de su ideología, todo gracias a la fallida política de “abrazos, no balazos”, mientras el país se desangraba entre sonrisas oficiales.

Esperemos que no haya más ilícitos con tufo a crimen de Estado ni atentados contra quienes este gobierno considera “enemigos”, es decir, todos aquellos que no piensan como ellos. Por el bien de todos los mexicanos, pero especialmente de los políticos de la 4T, ojalá entiendan la lección: demostraron que el cambio no fue avance, sino retroceso, aunque con discurso nuevo.

Hoy México está de luto y con temor, porque se agravan las condiciones de inseguridad y es evidente que no hay control sobre ellas. Descanse en paz el alcalde de Uruapan y pronta resignación a su familia.

De remate

Sin duda, ha habido esfuerzos de la actual administración en materia de seguridad. Pero si pensaban que iban bien, los lamentables hechos los obligarán a rehacer la estrategia. Cuanto más pronto la presidenta asuma el papel de Estadista que México requiere, dejando de ideologizar al país y desmarcándose de su antecesor, tanto más digno será su reconocimiento en la historia. De lo contrario, se quedará únicamente como la primera presidenta mujer de México.

domingo, 26 de octubre de 2025

 

Mea culpa panista ¿de a de veras?

El pasado 18 de octubre del presente año ante una convocatoria, hecha por la dirigencia nacional del PAN, sin eco, al menos en Yucatán, y sin suspicacias, aunque se vio a algunos dirigentes yucatecos en el evento, se llevó a cabo el “relanzamiento” del partido político, con nuevo “branding” y toda la cosa. Llamó la atención que no haya sido en una fecha emblemática o al menos no encuentro coincidencia con alguna, sin embargo, es criticable y en comunicación todo cuenta, que haya sido en fechas en las que parte del país, al menos, comunidades de 5 estados la estaban pasando mal por los fenómenos meteorológicos que les acaecieron y por la falta de atención de sus respectivos gobernantes, de eso sacó raja la presidente y se los echó en cara, aunque luego se le volteó la tortilla con sus compinches.

Las críticas duras se han dejado sentir en el círculo rojo, pero eso no importa, finalmente ante todos los descuidos del evento, lo importante es el mensaje esperanzador del motivo. Pienso que, si se esforzaron en dar un golpe de timón, no lo deben dejar morir y sí en cambio promover la comunicación del mensaje, no sólo con dichos sino con hechos.

Recordando a un antagonista ideológico como Jesús Reyes Heroles quien con su célebre “la forma es fondo”, de calado profundo, motivó a la suspicacia cuando se notó la ausencia de figuras históricas del panismo: Vicente Fox Quesada, Felipe Calderón Hinojosa y Diego Fernández de Cevallos que han sido en su momento piezas importantes en los logros del PAN, sí en cambio, aunque anunciaron dejar las alianzas, hubo la presencia de personajes contrarios como el mismo Guadalupe Acosta Naranjo y Cecilia Soto quienes buscan formar un nuevo partido político, además de entre varios intelectuales, que francamente distan del perfil panista y de algunos otros arrepentidos panistas o ex panistas. ¿Contradicción o estrategia? No queda claro. Pero sería mejor explicarlo con transparencia antes de que la confusión gane terreno.

El nuevo branding, con su rediseño tipográfico y visual, es lo de menos, ojalá sea medio para comunicar mejor. Lo verdaderamente esperanzador es que se retomen los valores que dieron origen al PAN: Familia, Patria y Libertad. He de suponer que estarán acompañados con los principios y por su puesto con la vivencia de éstos que siguen siendo pilares del Humanismo político pero que se han perdido por el pragmatismo populachero de la demagogia, sí, incluso en el PAN, sino que lo digan los Yunes.

El presidente del partido, Jorge Romero Herrera, manifestó con vehemencia en el evento y en los medios de comunicación la intención de abrirse a la sociedad, nunca es tarde, aunque tendrán que darle velocidad a ese proceso, además veremos si se hace realidad dejar a un lado la mediocridad de elegir candidaturas por conveniencia, amiguismo, incoherencia ética, simulación ideología o incluso soberbia, prácticas que han disminuido sustancialmente la esencia de dicho Instituto político y que hoy no lo hacen diferente a otros.

No se trata sólo de “gastar suela” y salir a las calles, sino de predicar con el ejemplo. México necesita una oposición firme, coherente y con propósito.

El PAN ha demostrado que sabe gobernar, pero políticamente ha dejado en el pasado la doctrina que inspiró su creación y que hoy día es una caricatura fundamentada en ideas fuerza que abrazan la incongruencia.  Si no cumplen a cabalidad con sus principios y los exponen como tal, sin tapujos ni reservas mentales, sin economías ideológicas, con toda la riqueza del pensamiento, serán simplemente buenos administradores de nada. Y sin embargo hoy existe la esperanza que pronto causen “lío” para la recomposición de este gran país, México.

Que no los intimide ser llamados de derecha, neoliberales, moralistas de ocasión, fifís, etc. etc., muchos equívocos sin duda en cada acepción por quienes no conocen a dicho partido político, o incluso por “mala leche”, pero grave sería quienes, siendo panistas, traicionen los principios que están plasmados en sus documentos y que reflejan su esencia, tal como ha ocurrido con las consecuencias consabidas. Enfrenten sin miedo la Verdad y con ello marquen el rumbo del bien común para los ciudadanos.

De remate

Parece que el expresidente Felipe Calderón en los últimos días reconsideró su participación en el proyecto del relanzamiento panista y que aprovecharía para su regreso a la esfera política nacional, sin duda su experiencia es un activo valioso que deberán aprovechar, sin embargo, basar el esperado éxito en solo una persona o personajes famosos, daría al traste con lo que pretenden en dicho relanzamiento. La verdadera fuerza del PAN debe provenir de sus liderazgos olvidados —jóvenes y veteranos—, hoy desdeñados por egoísmos inconfesables. Son ellos quienes pueden devolverle alma, coherencia y propósito a un partido que alguna vez encarnó los ideales de millones de mexicanos.